Un minuto de silencio por lo que ya pasó.
Hoy, con una taza de café delante de mí, me acordé de ti. No me preguntes por qué. Ni yo lo sé. Tu voz se repetía como el sonido de las olas, igual de relajante. Te sentí tan cerca que pensé en estirar la mano para alcanzarte, pero no estabas ahí; últimamente no estas en ninguna parte, pero te quedaste aquí, dentro de mí.